Artículos periodísticos sobre Casa Betania


Comenzaron de cero y hoy son un ejemplo
Las Mujeres de Betania
Especial/ Diario La República - 22 de marzo de 1998
Escribe: Esther Vargas

Las mujeres del taller Casa Betania en San Martín de Porres, son mujeres para imitar. Cansadas de la pobreza extrema, la necesidad económica y en algunos casos el abandono de la pareja, decidieron cambiar su suerte.
¿Cómo? En primer lugar, superaron la depresión que las hundía. No fue fácil, había heridas que curar y retos por emprender. El segundo paso, transformó sus vidas...
¿Cómo? Creando una fuente de trabajo y poniendo en práctica algunos conocimientos de la escuela o el campo.
Las mujeres de Betania descubrieron la habilidad de sus manos. Esta es su historia

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El Asentamiento Humano "Los Libertadores" es mitad urbanización y mitad polvo, adobe, estera. En la segunda mitad habita Ofelia Patricio, una mujer de 41 años que sobrevivió al abandono y la pobreza, gracias a la habilidad de sus manos. Ella borda y teje, espera "cachuelos" de vez en cuando y no duda en amanecerse a la luz de una vela, si el sacrificio significa un dinerito urgente.
Ofelia es una de las trabajadoras a destajo del taller Casa Betania. Bordando flores, corazones, figuras incaicas o palomitas de la paz, puede ganar entre 70 y 120 soles a la semana. Es relativo "algunas veces nos doblamos". Madre de cuatro hijos -el mayor de 20 y el último de 12-, Ofelia no se queja, el marido se fue y en lugar de llorar, decidió trabajar, trabajar y trabajar.
La Casa Betania le abrió sus humildes puertas. "Mi vecina Rita y yo, nos enteramos que necesitaban mujeres para trabajos manuales, así que acudimos a la casa y luego de un examen, fuimos recibidas y además, capacitadas", comenta. Rita Mesones de 35 años -la vecina de Ofelia- tiene una historia distinta: el esposo trabaja y casi habita la mitad urbanizada de los Libertadores "antes de que la economía nos ahorcara, decidí ayudar en mi hogar. No es mucho, pero estamos contentos", afirma.

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< A fines de 1990, la hermana Ángela Carroll y Rosa Pacheco reunieron a mujeres con problemas de maltrato, depresión y agresividad. Todas pertenecían a los asentamientos del Cerro Pacífico, Los Libertadores y Chavarría. Con ellos formaron el primer grupo de salud mental. "La idea era superar la cuestión emocional y ayudar a la generación de ingresos, por eso pensamos en tejer, confeccionar prendas de vestir y accesorios diversos", explica Rosa . Siete años y pico después, nadie puede dudar que el proyecto caminó.
La Casa Betania ya existía y era propiedad de la parroquia Señor de la Paz. El 4 de diciembre del 90 se convirtió en taller, gracias a la generosidad de la Iglesia local. Otras donaciones y préstamos, permitirían las adquisición de máquinas y herramientas de trabajo. Rosa dirige el grupo y traza algunas metas, que poco a poco fueron cumpliéndose. "Parece un sueño, pero resultó", agrega.
Las mujeres -en su mayoría emigrantes- pusieron el hombro y sobre todo, las manos. Hoy son expertas tejedoras a crochet, minuciosas bordadoras y confeccionistas brillantes de todo tipo de prendas. A la habilidad nata, habría que sumar su inquietud y tenacidad a la hora de participar en los comedores populares del barrio y promover talleres de creatividad para los niños de San Martín y los Olivos.

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Siete de la mañana. Luisa Cahua ha despertado a las cinco, sus tres niños duermen y el esposo vendedor de frutas aguarda el desayuno, mientras termina de bañarse con el agua que el día anterior compraron a dos soles el cilindro. Es una de las fundadoras del taller. Pequeña, delgada, risueña y tímida; la mujer de 39 años es la encargada de planchar, pegar botones, bordar y limpiar la casa. Llega puntual. En la casa hay cinco trabajadores estables y Luisa es una de ellas. A las 7:00 a.m. empieza el movimiento. Ocho horas de trabajo y 260 soles mensuales. Además del salario, sus ingresos se incrementan cuando hay mayor demanda. Entonces, Luisa y sus cuatro compañeras tejen y bordan en sus casas, "es platita extra, pagan por prenda", acota. No son las únicas, casa Betania necesita más manos y allí están siete señoras de los alrededores. Allí encontramos a Rita y Ofelia.
Luisa llegó al grupo de salud mental en busca de tranquilidad. No conoce la palabra estrés, no la menciona siquiera. A pesar de estar ajena -en teoría- a las enfermedades de moda, el bendito cansancio, hartazgo y ganas de gritar o llorar, se metió en su vida. El estrés no es racista por paradojas del destino, se traga a todos sin mirar el color del cabello, la condición económica o la angustia de un yuppie por la bolsa y la crisis asiática. Era el caso de Luisa, el esposo a lado y la miseria aplastándolos.
"Ahora estoy contenta, trabajo con cariño y recibo orientaciones que me ayudan a llevar bien mi familia. Somos pobres, siempre he sido pobre, porque nací en el Cusco y vine a trabajar a la capital, pero gracias a Dios y a este empleo, mi esposo y yo hemos empezado a techar la casa. Este año he comprado los útiles de mis tres hijos.."
cuenta Luisa.
Como ella, muchas mujeres de SMP y los Olivos pasaron por casa Betania. El tiempo, la tranquilidad y la experiencia les permitió conseguir un empleo mejor remunerado, dedicarse a otro oficio...O simplemente, iniciar -sin miedo -la aventura del negocio propio, vender comida.
Irene Vivanco no tiene hijos, pero sí padres y cinco hermanos. A los 24 años, la muchacha es una experta costurera. Estudió corte y confección, y luego integró las filas de Betania. Desde entonces, han transcurrido seis años. "Hay que ayudar, porque no se puede mantener el hogar con el ingreso de una sola persona. Es imposible", dice. Sueña con diseñar vestidos, reunir sus centavos y tener una tienda por lo pronto, ya conoce a su príncipe azul, estudia electrónica y "me quiere mucho".
Contestando el teléfono y atenta a los pedidos de los clientes, Nelly Carranza (45) es la secretaria del taller, en otros tiempos fue secretaria en el Ministerio de trabajo. Estela Cisneros organiza a las mujeres junto a Rosita Pacheco. La hermana Ángela fue delegada a Sicuani y aunque su ausencia se extraña, la mística del trabajo en grupo no se ha perdido.

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En el taller hay blusas bordadas con aplicaciones de crochet, camisas de hombre, chalecos de bayeta de ovino y alpaca con motivos peruanos, sacos y casacas. Además:
Tapices de yute, manteles, bolsones, monederos, tarjetas, porta disquetes y cartucheras. Precios cómodos y creatividad desbordante. Muestran su obra en el taller de la urbanización El Pacífico, el movimiento Manuela Ramos las apoya en la comercialización, participan en ferias, o por boca de uno y otro cliente, la demanda se multiplica.
El día que la República visitó la casa, una señora de una institución privada mostró su interés en comprar un ciento de tarjetas, las mismas que llevarían bordadas el logo de su empresa. Por el momento se dio el gusto de llevar un par de tarjetas a 2.50 la unidad y una cartuchera a cuatro soles. Los chalecos de bayeta (material parecido al yute, pero muy fino y delgado, tejido en telares por artesanos de Puno), apenas alcanzan los 40 soles y son una belleza hecha a mano. La señora se enamoró del chaleco y las blusas, prometió regresar.
Gracias a esta obra, casa Betania es una fuente de ingresos importante. Y aunque toda esta labor resume el esfuerzo de un puñado de mujeres de escasos recursos, hay más: "Como al principio, seguimos con los cursos de salud mental, gestión empresarial y manualidades. Manuela Ramos acaba de regalarnos becas para estudiar marketing", refiere Rosa llena de entusiasmo.
El proyecto ha crecido. Ahora, el sueño de Rosa y sus compañeras es más grande": Queremos que nuestras prendas CASABET sean reconocidas en el exterior, que se formen empresas populares similares a la nuestra, ofrecer más trabajo y mejores salarios, tener una tienda y construir el Palacio de los Niños, aquí en el distrito".
Por lo pronto, conducen un taller de creatividad con más de 80 niños de 28 de Julio y Chavarría. En estos dos asentamientos, la pobreza es extrema y la mayoría de hogares están destruidos por el alcohol y las drogas, hay pandillas y en el centro de esta vorágine, niños aburridos que se tapan los oídos para no escuchar la pelea de los padres. Las mujeres de Betania llevan retazos de tela, yute, conos e hilos que sobran del cotidiano trabajo, con goma, tijeras y plumones, los chicos dan rienda suelta a su imaginación . Escuchan charlas y juegan. Se hace todos los sábados en el local comunal. Es una fiesta. Para más de una mujer de Betania , este capítulo es el más bonito y gratificante de su telenovela. La sonrisa d un niño es maravillosa. Luisa piensa que sus hijos recuperaron la sonrisa, el día que ella y su esposo comenzaron a luchar contra la pobreza, luchar sin pelear, luchar con trabajo... y amor.

Premio al esfuerzo
El miércoles último, el movimiento Manuela Ramos premió el esfuerzo de las mujeres de Betania, quienes ocuparon el segundo lugar en el concurso " Emprendimientos económicos liderados por mujeres". Betania compartió el reconocimiento con un grupo de mujeres de Junín, dedicadas a transformar los cultivos andinos en molidos, partidos, laminados, pelados y mezclas pre instantáneas, reciclando los desechos como alimento para el ganado. El primer lugar fue otorgado a un grupo de mujeres de Cajamarca, que en busca d recursos propios fundó en 1994 una empresa de recojo manual y transporte de basura doméstica en los sectores urbano marginales de su ciudad. A la fecha, atienden el 50% de la demanda de la población y recogen 160 metros cúbicos de basura al mes. Tienen el apoyo del municipio y en el futuro pretenden ampliar el servicio en oficinas e instituciones públicas y privadas

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