Testimonio de Luisa Cahua Hillca

Luisa Ccahua es miembro de Casa Betania, al principio era una persona descuidada, no conversaba con nadie, era muy tímida, ella reconoce que se ha superado gracias a la organización.

Yo soy de Cuzco, del distrito de Anta. He venido a los 14 años a Lima, me vine con unas señoritas, hijas de una amistad de mi papá que vinieron a visitar a su familia y se comprometieron con mis padres para educarme, a la vez comprarme vestido, ropa, mediante un Juez de menores. Estuve 3 años con ellas, me pusieron al colegio, realmente yo vine de Cuzco sin saber nada, no sabía leer, escribir, inclusive ni hablar castellano, cero. Luego de tres año volvimos, me entregó con mis padres diciendo aquí está tu hija sana y buena, la plata no me pagaban sino que ahorraban en el banco y delante de mi papá me pagó, dijo, si quieres regresar conmigo regresa, sino ya tu ve lo mejor. Me quedé, voy a pensar le dije,  estuve una semana en mi casa, luego mi papá me dijo, tu ya sabes vivir, conoces Lima, sabes escribir, sabes leer, y yo no te puedo ofrecer nada aquí, tu decide, depende de ti, me dijo. Yo pensé y regresé a Lima por mi cuenta, ya con la dueña de la casa donde vivían las señoritas, trabajé en San Felipe con la señora casi tres años, el carácter de la señora era diferente, tenía problemas en su hogar, viendo eso me salí. Después me fui a trabajar con otra de las hijas de la señora en Breña, ahí estuve trabajando 4 años y de ahí me fui nuevamente a mi pueblo, conversé con mis padres, de ahí si me independicé, ya por mi cuenta regresé a Lima, ya tenía amigas del estudio y me dijo que llegue a su casa, dejando mis cosas en su casa busqué trabajo por medio de «El Comercio», ya empecé a trabajar en Monterrico, 4 años. Regresé luego a visitar a la familia que me ha acogido, la familia Llanos, me había acostumbrado con ellos, hasta ahora es para mi como una familia, todos sus hijos me conocen, la señora donde trabajé es mi comadre y aquí la única familia que tengo son ellos.

Cuando trabajaba conocí a mi pareja que es mi esposo ahora, alquilamos un cuarto en Zárate, de allí había una oportunidad en Angélica Gamarra donde había un terreno en una invasión, adquirimos ese terreno y hasta ahora estoy allí, ya es propio, se llama Asentamiento Humano 28 de Julio, Proyecto Chavaría.

Después que nos hemos juntado con mi esposo hemos trabajado en la calle como ambulantes, de ahí cuando tuve otro hijito más dejé de trabajar. Trabajar en la calle los dos es muy difícil, incluso llevaba a mi hijo en la espalda, los carros iban llenos y bien apretados, no podía más, dejé de trabajar, estaba en casa nomás; de allí unas amigas me dijeron para agruparnos en un comedor que existe todavía hasta ahora en Cerro el Pacífico, entramos al comedor, una vez a la semana asistía al comedor a ayudar a cocinar, allí conocí a la Srta. Rosa Pacheco. Una amiga participaba en el grupo de “Salud mental” con la Madre Angela, no sabía qué era eso, me dijo vamos allí hay bonitas reflexiones, pensaba que no me dejarían entrar porque no participaba en ningún sitio pero fuimos. Había varias señoras que yo conocía, a mi me gustó y seguí y seguí. Allí hablábamos, nos enseñaban cómo era el ambiente, que pensábamos de nosotras, que era femenino y masculino, autoestima, no sabíamos y nos explicaban cada cosa. En este grupo como yo todas estábamos sin trabajo y también íbamos de diferentes sitios, todas éramos madres  de familia con 3 o 4 hijos, no teníamos trabajo fijo y necesitábamos trabajar, algunas entramos a trabajar al PAIT. Nosotros vendíamos fruta en la calle, como teníamos hijitas necesitábamos, el dinero no era suficiente. En el grupo pensábamos hacer diferentes cosas, algunas señoras decían para vender verduras, otras caramelos, pensábamos muchas cosas pero no teníamos capital, la Srta. Rosa y la madre consiguieron dinero prestado y compraron telas, yute, la Srta. Rosa diseñó y a cada una de nosotras nos enseñó a dibujar y bordar, las señoras eligieron bordados, así empezamos el taller Casa Betania.

En Casa Betania mi persona ha mejorado, económicamente también, pero más ha cambiado mi forma de ser, yo no conversaba con nadie, era callada porque no confiaba en la gente, aquí he adquirido más confianza, más conversación, mas experiencia de vivir, hablar con confianza, afuera hasta ahora no tengo mucha confianza con la gente, yo no soy amiguera, aquí sí, aquí converso, hablo en reuniones. Mi esposo no, porque no participa como yo, sigue con su trabajo, él lleva el mismo carácter, pero yo si he cambiado bastante, entonces trato de explicarle, trato de contarle todo lo que hacemos aquí; adonde voy, las reuniones, ya comprende que trabajo aquí, es diferente trabajar aquí que trabajar en el mercado, mis hijos también comprenden lo que yo les comunico, mis hijos tienen 18, 16 y 13 años y están estudiando. Todo lo que aprendo les comunico a ellos».

QUIENES SOMOS I NUESTRA HISTORIA I PROCESO DE PRODUCCION I CATALOGO I ACTIVIDADES